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Adherencia a las recomendaciones de introducción de la alimentación complementaria en un área de salud urbana multicultural

Autores:

Esteban Zubero Ea, Baquer Sahún CAb, Jordán Domingo Mc, Trueba Insa Sd, Lubián Martínez Me, Barberá Pérez PMf, Javierre Miranda Eg, García Sánchez Nh

aMIR-Medicina Familiar y Comunitaria. CS Delicias Sur. Sector Zaragoza III. Zaragoza. España.
bMIR-Medicina Familiar y Comunitaria. Sector Zaragoza III. CS Delicias Sur. Zaragoza. España.
cMIR-Medicina Familiar y Comunitaria. Sector Zaragoza III. CS Delicias Sur. Zaragoza. España.
dMIR-Medicina Familiar y Comunitaria. Sector Zaragoza III. CS Delicias Sur. Zaragoza. España.
eMIR-Medicina Familiar y Comunitaria. Sector Zaragoza III. CS Delicias Sur. Zaragoza. España.
fMIR-Pediatría. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. España.
gPediatra. CS Delicias Sur. Zaragoza. España.
hPediatra. CS Delicias Sur. Zaragoza. España.

Correspondencia: E Esteban. Correo electrónico: eezubero@gmail.com

Referencia para citar este artículo:

Esteban Zubero E, Baquer Sahún CA, Jordán Domingo M, Trueba Insa S, Lubián Martínez M, Barberá Pérez PM y cols. Adherencia a las recomendaciones de introducción de la alimentación complementaria en un área de salud urbana multicultural. Rev Pediatr Aten Primaria. 2018;20:341-52.

Publicado en Internet: 12/12/2018

Resumen:

Introducción: el consumo exclusivo de lactancia materna se recomienda hasta los seis meses de edad, manteniéndola hasta los dos años con una alimentación complementaria adecuada. De requerirse, frutas, verduras y cereales sin gluten pueden introducirse entre los 4-6 meses. Se ha observado que una introducción inadecuada produce alteraciones en el desarrollo y favorece las intolerancias alimentarias. El propósito del presente trabajo es valorar la introducción de la alimentación complementaria en los niños menores de 24 meses de edad en un área de salud urbana con una importante diversidad cultural.

Material y métodos: estudio observacional descriptivo mediante entrevistas durante nueve meses (de agosto de 2014 a abril de 2015). Se evaluaron variables sociodemográficas y económicas, tipo de parto, edad gestacional, cuidado o no del recién nacido por otros miembros del entorno, vacunación y el primer día de visita al centro de salud. En relación con la alimentación, se valoró el tipo de lactancia, la edad de inicio de lactancia diferente a la materna y el momento de introducción de la alimentación complementaria.

Resultados: 51 niños fueron evaluados. Un 94% de los niños inicia la alimentación complementaria antes de los seis meses (frutas y cereales sin gluten). Estos datos son mayores si hay cuidado por otro miembro de la familia (abuela). No se apreciaron diferencias estadísticamente significativas en ninguna de las variables analizadas, excepto en la vacunación del neumococo (p <0,001).

Conclusiones: en nuestro medio se realiza una correcta introducción de la alimentación complementaria. La aplicación de intervenciones en la comunidad puede mejorar la adherencia a las recomendaciones actuales.

Palabras clave: Lactancia materna. Atención Primaria. Alimentación complementaria. Adherencia.


INTRODUCCIÓN

La alimentación complementaria (AC) se define como el aporte de cualquier tipo de nutrientes a un lactante aparte de los que recibe por la leche materna. El inicio de esta fase es considerado un momento esencial en el cuidado del niño, ya que tiene consecuencias directas en el crecimiento, desarrollo y, consecuentemente, en la supervivencia1. En la actualidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda para el correcto desarrollo del recién nacido la alimentación basada en lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad. A partir de ese momento, es necesario introducir de forma paulatina alimentos saludables y adecuados al momento del desarrollo del recién nacido para su correcto desarrollo2. Se ha observado que una introducción temprana de la alimentación complementaria produce alteraciones en la correcta nutrición y salud del recién nacido, no solo por la posibilidad de la retirada anticipada de la leche materna, sino también por interferencias en la correcta absorción de los nutrientes aportados por esta, el incremento de la incidencia de intolerancias alimentarias y el incorrecto desarrollo de los mecanismos de defensa autoinmunes ante enfermedades3. Por otro lado, la introducción tardía o inadecuada de la alimentación complementaria puede retrasar el crecimiento del niño e incrementa el riesgo de malnutrición2.

En esta línea, las recomendaciones actuales para el correcto desarrollo del recién nacido se basan en el consumo de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad, manteniéndola hasta los dos años de edad con una alimentación complementaria adecuada. Asimismo, se acepta en los recién nacidos alimentados mediante lactancia artificial o mixta la introducción de cereales sin gluten, fruta y verduras entre los cuatro y los seis meses de edad4. Estas recomendaciones se ven contrastadas en diversos estudios, donde se ha observado que 800 000 muertes al año de niños están relacionadas directamente con una inadecuada lactancia materna y que esta, mantenida hasta los 12 meses de edad, es la mejor forma de prevenir la mortalidad infantil en la población menor de cinco años5,6. En números totales, 9,5 millones de niños menores de 5 años fallecen al año, y el 35% de los casos son atribuibles a malnutrición7.

Este problema tiene especial relevancia en los países en desarrollo, donde se ha observado que el 19,4% de los niños menores de 5 años tienen bajo peso y el 29,9% tienen retraso del crecimiento8. Variables como la educación y las habilidades de los padres se ha observado que tienen una relación directa con los hábitos alimentarios en sus hijos9,10. Los recursos económicos11 y la situación familiar en la que ambos padres trabajan, por lo que emplean menos tiempo en la preparación de alimentos y utilizando más alimentos preparados12, se han descrito también como variables independientes influyentes en la alimentación de los recién nacidos. Estos hechos han supuesto en los países desarrollados una introducción temprana de la AC, lo que ha conllevado el aumento de sobrepeso y obesidad en la población menor de 11 años del 1,8 al 33,9%13. Esto se ha relacionado con un aumento de problemas gastrointestinales, infecciones del tracto respiratorio e incremento del riesgo de desarrollo de atopia y alergias14.

Diversos estudios se han desarrollado para mejorar la adherencia a las recomendaciones de la introducción de la AC. Estos incluyen desde recomendaciones a las madres para fomentar el hábito de una correcta alimentación hasta el aporte de micronutrientes, demostrando efectos en el desarrollo y en el peso15-17.

El propósito del presente trabajo es valorar la introducción de la alimentación complementaria en los niños menores de 24 meses de edad en un centro de salud urbano en un país desarrollado (España), con la característica de una importante diversidad cultural en su población. Para ello, variables como el nivel socioeconómico, situación laboral, nivel de estudios, país de origen y la figura del principal cuidador (padres, otros familiares, guarderías) serán valoradas para saber si influyen en la introducción de la AC.

MATERIAL Y MÉTODOS

Se realizó un modelo de estudio observacional descriptivo recogiendo los datos durante nueve meses (de agosto de 2014 a abril de 2015) a través de entrevistas presenciales a los padres de los niños entre 6 y 24 meses de edad que acudían a la consulta de Pediatría del centro de salud Delicias Sur de Zaragoza (España). Los datos eran anónimos y su pediatra de referencia no era conocedor de la realización de la entrevista ni de los resultados para evitar sesgos.

Las variables recogidas abarcaban información sociodemográfica (edad de los progenitores, nacionalidad, número de hijos previos), tipo de parto (vaginal, instrumental o cesárea), edad gestacional del recién nacido, información socioeconómica de los padres (hábito tabáquico, situación laboral, nivel de estudios, situación económica en relación con el grado de prestación de su tarjeta sanitaria, el haber recibido o no la madre lactancia materna, y la concesión o no de baja por maternidad o reducción de la jornada laboral), el cuidado o no del recién nacido por parte de otros miembros de la familia (abuela) o guarderías, la administración de vacunas no incluidas dentro del calendario vacunal de nuestra comunidad (neumococo, varicela y rotavirus) y el primer día de visita al centro de salud.

La prestación sanitaria en nuestro sistema sanitario de salud se engloba en cinco grupos: código de tarjeta sanitaria (TSI) 001 para los usuarios exentos, pensiones no contributivas y parados de larga duración. Código TSI 002 para los pensionistas, con aportación reducida de un 10%. Código TSI 003 para los ciudadanos activos que ingresan hasta 18 000 euros y aportarán un 40%. Código TSI 004 para los ciudadanos activos que ingresan entre 18 000 y 100 000 euros, que aportan un 50%. Código TSI 005 para los ciudadanos activos y pasivos con ingresos superiores a 100 000 euros, que aportan un 60%.

En relación a la alimentación, se valoró la lactancia que recibió el recién nacido al inicio (materna exclusiva, mixta, artificial), el momento en el que comenzó con lactancia diferente a la materna (menor de un mes de edad o no), y mes de edad en los que se introdujeron los diferentes alimentos que engloban la AC (cereales sin gluten, cereales con gluten, frutas, verduras, carne, pescado blanco, pescado azul, yema de huevo, huevo entero, legumbres, derivados lácteos [yogur de bebés, yogur natural, yogur saborizado, queso fresco y otros productos artificiales con leche tipo batido], y otros productos como snacks, dulces, chocolate y preparados industriales). Las recomendaciones sobre la correcta introducción de la AC se basaron en las guías de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria18.

Se realizó en primer lugar un análisis descriptivo de la muestra y posteriormente un bivariante comparando las variables. Para variables cualitativas se realizó el test de χ2 y para variables cuantitativas t de Student. Se estableció un nivel de significación p <0,005. La muestra de datos se procesó con el programa informático IBM SPSS® Statistics versión 20.

RESULTADOS

Un total de 51 niños entre 6 y 24 meses de edad fueron evaluados. Del total de la muestra destaca que el 37% de los sujetos objeto de estudio (n = 19) eran nacidos en España. La edad media de las madres y padres (con su desviación estándar [DE]) era de 31,24 ± 6,39 y 36,3 ± 8,15, respectivamente. La media de hijos previos (±DE) en la población española era de 0,56 ± 0,185, mientras que en la población extranjera era de 0,87 ± 0,218. La media de días (±DE) con las que se concertaba la primera visita con el pediatra era de 6,68 ± 0,593 en la población española y 11,56 ± 3,561 en la extranjera. El 78,4% de los partos fue por vía vaginal (n = 40), el 19,6% vía cesárea (n = 10) y el 2% instrumental (n = 1). Atendiendo a la situación económica, lo cual se valoró con el TSI, el 5,9% eran TSI 001 (n = 3), el 2% TSI 002 (n = 1), el 76,5% TSI 003 (n = 39) y el 15,7% TSI 004 (n = 8). No se apreciaron diferencias estadísticamente significativas en estos variables entre la población española y la inmigrante (p <0,005).

El porcentaje de desempleo materno y paterno era del 51 y el 36,7% respectivamente (n = 26, n = 18, respectivamente). Dentro de las madres españolas (n = 19), el 68,42% estaban en activo (n = 13) y el 31,58% en situación de desempleo (n = 6). En la población inmigrante (n = 32), estos valores correspondían al 21,87% (n = 7) y al 62,5% (n = 20), respectivamente. El 15,62% (n = 5) se dedicaban a labores domésticas. Atendiendo a los padres españoles (n = 18), el 66,66% estaban en activo (n = 12) y el 33,33% (n = 6) en desempleo. En la población inmigrante (n = 31), estos valores correspondían al 61,33% (n = 19) y al 38,7% (n = 12), respectivamente (Fig. 1). El nivel de significación estadística en estas variables no fue valorable comparando los datos de la población española con el resto.

Figura 1. Situación laboral de los progenitores de forma global y según su nacionalidad
Situación laboral de los progenitores de forma global y según su nacionalidad
No se observaron diferencias estadísticamente significativas entre las variables analizadas y la nacionalidad.

El nivel de estudios era similar a nivel materno y paterno. Dentro de las madres españolas (n = 19), el 21% poseían estudios básicos (n = 4), el 26,31% (n = 5) medios, y el 52,63% (n = 10) estudios superiores. En la población inmigrante (n = 32), estos valores correspondían al 46,87% (n = 15), el 34,37% (n = 11) y el 18,75% (n = 6), respectivamente. Atendiendo a los padres españoles (n = 18), el 33,33% poseían estudios básicos (n = 6), el 5,55% medios (n = 1), y el 61,11% (n = 11) superiores. En la población inmigrante (n = 30), estos valores correspondían al 43,33% (n = 13), el 36,66% (n = 11) y el 20% (n = 6), respectivamente (Fig. 2). El nivel de significación estadística en estas variables no fue valorable comparando los datos de la población española con el resto.

Figura 2. Nivel de estudios de los progenitores de forma global y según su nacionalidad
Nivel de estudios de los progenitores de forma global y según su nacionalidad
No se observaron diferencias estadísticamente significativas entre las variables analizadas y la nacionalidad.

En relación con el tabaco, el 9,8% de las madres fumaban (n = 5, una española y cuatro extranjeras) y el 90,2% no (n = 46, 18 españolas y 28 extranjeras). Atendiendo a los varones, el 22% eran fumadores (n = 11, seis españoles y cinco extranjeros) y el 78% no (n = 40, 13 españoles y 27 extranjeros). No se pudo realizar una valoración estadística de dicha variable. Del total de las madres encuestadas, el 90,19% había recibido lactancia materna (n = 46). Atendiendo a la nacionalidad, el 84,21% (n = 16) de las madres españolas habían recibido lactancia materna y el 93,75% (n = 30) de las extranjeras habían recibido este tipo de alimentación durante su infancia. La significación estadística en esta variable tampoco fue valorable.

Observando las facilidades laborales en el momento del nacimiento del niño, la baja por maternidad fue concedida al 43,13% de las madres. Atendiendo a la nacionalidad, el 57,89% de las madres españolas (n = 11) obtuvieron dicho permiso, mientras que en la población extranjera estos valores abarcaron al 34,37% (n = 11). El 11,76% de las madres se acogieron a la reducción de la jornada laboral (n = 6), de las que el 66,66% (n = 4) eran madres españolas y el 33,33% (n = 2) extranjeras. Al 3,92% de las madres se les concedió una excedencia laboral (n = 2), de las que una madre española y otra extranjera fueron las que se acogieron a ello. La significación estadística de estas variables no fue valorable.

Atendiendo a la leche administrada al recién nacido, el 74,5% recibieron lactancia materna (n = 38), el 13,72% mixta (n = 7) y el 11,76% artificial (n = 6). La significación estadística en esta variable tampoco fue valorable.

En relación con la vacunación, se observaron diferencias estadísticamente significativas entre el origen español y la vacunación del neumococo (p <0,001). El 47,05% del total de los niños fueron vacunados (n = 24). Dentro de la población española, esta medida preventiva abarcó al 78,94% del total de los recién nacidos (n = 15), mientras que en la población extranjera estos valores solo llegaron al 28,12% (n = 9). La vacuna de la varicela no fue administrada a ninguno de los niños. Atendiendo a la vacuna del rotavirus, no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre la vacunación y la nacionalidad (p >0,005). El 27,45% de los recién nacidos fueron vacunados (n = 14), lo que desglosado según nacionalidad supone el 47,36% de los niños españoles (n = 9) y el 15,62% de los extranjeros (n = 5).

El 11,75% de los niños iban a guardería (n = 6), de los que la mitad eran españoles (n = 3). Según nacionalidad, dicho valor engloba al 15,78% (n = 3) de los recién nacidos españoles y al 9,37% de los extranjeros (n = 3). La edad media de inicio de esta actividad fue a los 5,83 ± 0,75 meses de edad. La significación estadística en esta variable tampoco fue valorable. Si que se observaron diferencias estadísticamente significativas entre el cuidado por parte de otro miembro de la familia (abuelo) y la nacionalidad. El 43,13% de los niños (n = 22) recibían esta atención. Atendiendo a la nacionalidad, este dato engloba al 73,68% de los recién nacidos españoles (n = 14) y al 25% de los extranjeros (n = 8). La edad media de inicio de dicho cuidado era a los 1,45 ± 1,01 meses de edad.

Observando la introducción de los alimentos, cabe destacar el consumo de cereales sin gluten (expresado como media ± DE) a la edad de 4,89 ± 1,06 meses, la fruta a los 5,4 ± 1,25 meses. Otros productos que destacar son los productos artificiales de leche tipo batidos (9,19 ± 3,23 meses de edad), snacks (10,11 ± 2,76 meses de edad), dulces (11,2 ± 3,8 meses de edad), chocolate (9,28 ± 3,39) y bollería industrial (7,38 ± 2,71 meses de edad). Si atendemos a estos alimentos, se observa que el 70,58% de los niños han probado los cereales sin gluten antes de los seis meses. En las frutas, estos valores llegan al 94,11%. Snacks, batidos, chocolate y bollería fueron introducidos en el 45% de los infantes antes de los 12 meses, en el 11% después de dicha edad, y en el 44% de los casos aún no había sido introducidos. Los datos detallados de la edad de introducción de los diferentes alimentos introducidos se pueden observar en la Fig. 3.

Figura 3. Edad media ± desviación estándar de introducción de cada tipo de alimento
Edad media ± desviación estándar de introducción de cada tipo de alimento

No se apreciaron diferencias estadísticamente significativas entre las muestras (p <0,005). Cabe destacar la temprana introducción de fruta y cereales sin gluten. Es reseñable la edad de introducción de alimentos tales como los preparados lácteos artificiales, snacks, dulces, chocolate y bollería industrial.

DISCUSIÓN

El presente trabajo, realizado en un centro de salud urbano con gran diversidad cultural debido a las múltiples nacionalidades que componen la zona de salud, trata de realizar una valoración de las variables socioeconómicas, nivel de estudios de los progenitores y edad de la introducción de la alimentación complementaria. El objetivo es observar si hay una relación entre las mismas para así poder realizar, en un segundo estudio, una intervención enfocada a cada grupo de población. Los resultados muestran una introducción de la AC antes de los seis meses de edad en el 94,11% de los niños evaluados (a expensas de la fruta). Asimismo, alimentos como son los preparados lácteos artificiales, snacks, dulces, chocolate y bollería industrial se introducen de forma temprana, lo cual no es lo recomendado en las guías actuales de AC de nuestro medio, que se basan en una introducción paulatina de alimentos saludables a partir de los seis meses, momento hasta que la alimentación del recién nacido debe estar basada exclusivamente en lactancia materna19. Bien es cierto que, en población que por sus necesidades requiera AC antes de los seis meses de edad (alimentados mediante fórmulas mixtas o artificiales), las guías actuales recogen la posibilidad de introducción de verduras, cereales o frutas entre los cuatro y los seis meses de edad18,19. No se observaron diferencias estadísticamente significativas en estos patrones en la población estudiada, independientemente de su nacionalidad o nivel socioeconómico.

En la literatura médica se observan múltiples estudios relacionados con la nutrición infantil, especialmente en los países menos desarrollados. Dichos estudios no pueden ser comparados directamente con nuestra muestra, dada las diferencias sociales, demográficas y culturales, pero sí que nos pueden servir para mostrar tendencias comunes. De este modo, en regiones de Asia se observa una introducción temprana de arroz en la dieta, lo cual se puede atribuir a un aspecto cultural20. En Brasil, en un estudio prospectivo durante diez años, se observó una tendencia de la adecuación de la introducción de la AC acorde al mayor nivel de estudios de los padres. Pese a todo, la introducción temprana de frutas, cereales, carne, vegetales, leche de vaca y productos industriales seguía siendo patente, así como la temprana retirada de la lactancia materna. Dicho problema no tenía relación con el nivel socioeconómico y se atribuía a la escasez de programas educativos en los centros de salud para los futuros padres2,21,22. Dichos datos difieren de otros estudios realizados en otros países como Nicaragua, donde se observó una mayor diversidad de alimentos en los niños pertenecientes a clases sociales más elevadas y con mayor nivel de estudios, inclusive de snacks y productos precocinados23. La correcta adecuación de la introducción de la AC en relación con un mayor estatus socioeconómico y mayor nivel de estudios también se observa en otros estudios24,25.

El mayor nivel educativo de los padres y la aplicación de programas sociosanitarios en países en vías de desarrollo como Nepal26, Indonesia27, Pakistán28, India29, Tanzania30, Uganda31, Etiopía32, Nigeria33 y Ghana34, ha demostrado una mayor adherencia a las recomendaciones generales de la OMS tanto en la alimentación a seguir en relación a la edad del niño como en el número de ingestas mínimas necesarias al día, lo que conlleva una mejora del estado nutricional35.

En los países desarrollados, hay una correlación positiva en la correcta introducción de la AC con una mayor edad materna, mayor nivel socioeconómico, multiparidad y menor índice de masa corporal36,37. Cabe destacar una mayor tasa de lactancia materna que en nuestro estudio (97 frente a 74,5%), que a su vez se relaciona con una introducción de la AC más tardía y adecuada36. Asimismo, la temprana incorporación al trabajo y el cuidado por una persona diferente de los padres se ha relacionado con una menor duración de la lactancia y temprana introducción de la AC38,39. Dichos datos pueden justificar en nuestro trabajo la temprana introducción de ciertos alimentos de AC como son la fruta y los cereales sin gluten, así como el uso de preparados industriales, ya que apreciamos menores tasas de lactancia materna en las madres estudiadas, lo que puede estar relacionado con la menor incidencia de reducción de la jornada laboral o baja por maternidad y un importante porcentaje de cuidado de los recién nacidos por parte de los abuelos, lo que resulta estadísticamente significativo en la población española.

En México, se ha observado una mejora de la introducción de la AC en los últimos años, aunque persiste una mala praxis en dicho aspecto40. Dicho estudio observa una introducción más precoz que en nuestra cohorte de frutas y vegetales (sobre los cuatro meses) y de carne (a los seis meses de edad). Cabe destacar que la introducción temprana de AC era menos frecuente en la población con menor nivel socioeconómico, lo cual no fue observado en nuestro estudio y difiere de trabajos similares posteriores36,37. En países más desarrollados, como Australia, a los seis meses de edad más del 75% de los niños consumen frutas, verduras y cereales sin gluten, y alrededor del 25% carne41. Cabe destacar que uno de los principales motivos observados en este trabajo para la introducción de la AC era porque el niño deseaba probar dicho alimento. La tendencia observada en este estudio es más similar a la nuestra, aunque se aprecia una introducción precoz de vegetales. En estudios desarrollados en el norte de Europa se realiza una mayor adecuación de la AC que en nuestro medio, y se observa que una mala adherencia a las recomendaciones conlleva un mayor riesgo de obesidad en la infancia42.

Atendiendo a otros trabajos similares al nuestro y realizados en países desarrollados, se observa que en la población inmigrante hay una mayor ideación de “mal desarrollo” del recién nacido, que en un estudio se ha desarrollado de forma sorpresiva con la introducción temprana de bollería industrial43. Estos datos difieren de nuestro estudio, ya que no se observa una mayor tendencia a esta costumbre en ninguna de las dos muestras a estudio. En relación con la introducción de las frutas, verduras, yogur y cereales, presentaban una distribución similar en ambas poblaciones, lo que concuerda con nuestro estudio. Esto difiere de otros estudios, donde se observa que el hecho de ser inmigrante supone un factor protector para mantener más tiempo la lactancia materna, así como un retraso de la introducción de la AC44. Estudios multinacionales realizados en Europa observan tendencias similares en la introducción de la AC45. Los autores reflejaron que el 37,2% de los niños alimentados con leche de fórmula recibían AC antes de los cuatro meses. En los lactantes, estos valores eran inferiores (17,2%). Los valores de España estaban en torno a las medias observadas y se observó un factor protector en relación con el mayor nivel socioeconómico y de estudios. En países mediterráneos, como Italia, se ha observado que el 94% de los niños de seis meses han introducido ya la AC46, lo cual es similar a nuestros resultados.

Se ha observado que, en las primeras fases de la introducción de los alimentos sólidos, la mayor preocupación de los padres es el buen desarrollo del niño, siendo conscientes que hay un momento para cada introducción de los alimentos y que el hábito alimenticio del infante difiere del de los progenitores. Esto difiere en estadios más avanzados (12 meses), donde el desarrollo del hijo se ve como un proceso a largo plazo y prima más la introducción en el ámbito sociofamiliar, lo que puede conllevar la alimentación con productos apropiados47. Es por ello por lo que este estudio enfatiza que los programas informativos de la AC deben ser prolongados en el tiempo y no solo en las primeras fases de esta. Dicho patrón conductual puede explicar, en cierta medida, el uso de chocolate, snacks y preparados lácteos artificiales de forma temprana en el desarrollo del niño, lo cual se observa en nuestro estudio.

Como consecuencia de todo esto, se ha observado que una temprana introducción de la AC (antes de los cuatro meses de edad o incluso entre los 4-6 meses de edad) conlleva un mayor riesgo de obesidad infantil, con las consecuencias a nivel de la salud y el gasto sanitario que ello conlleva13. En nuestro medio se ha comparado la eficacia de diferentes tipos de intervenciones para aumentar la adherencia a las recomendaciones. Se ha observado que el uso de fuentes de información escritas es más frecuente en madres de mayor edad, con un mayor nivel socioeconómico y se asocian con una mayor duración de lactancia materna y una adecuada introducción de la AC48,49. Con las nuevas tecnologías, se ha observado que pueden ser útiles intervenciones de baja intensidad escritas en formato electrónico como son los mensajes de texto al móvil50. Este estudio demostró que dicha medida aumentaba la tasa de madres que alimentaban con lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, así como una adecuada introducción de la AC. Por otro lado, la interacción con otras personas, inclusive profesionales, tiene una menor eficacia 48,49,51. Es por ello por lo que diversos estudios instan a focalizar intervenciones de mayor intensidad en madres jóvenes de menor nivel socioeconómico52.

La limitación de nuestro estudio puede ser el escaso tamaño muestral, lo cual puede impedir la correcta valoración estadística de las diferentes variables estudiadas. Asimismo, no se ha valorado el efecto de las prácticas actuales en nuestra población a medio y largo plazo analizando, por ejemplo, el índice de obesidad infantil. Así mismo, en niños estudiados de mayor edad, la información otorgada por los padres acerca de la introducción de la AC puede ser más inexacta debido al lapso de tiempo transcurrido entre la realización de la encuesta y dicho momento. Los puntos fuertes son la variedad cultural y socioeconómica, lo cual nos hace apreciar las tendencias de cada tipo de población para así poder adecuar estrategias futuras más enfocadas según el tipo de necesidades. Asimismo, la no recogida de datos por parte del pediatra añade un punto de confidencialidad que evita un posible sesgo de información.

En conclusión, en nuestro medio se realiza una introducción de la AC en el 94% de los niños evaluados antes de los seis meses de edad, lo que difiere de las recomendaciones de mantenimiento de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad, pero es acorde a las recomendaciones de introducción de la AC (frutas, verduras y cereales sin gluten) entre los cuatro y seis meses de edad si el recién nacido es alimentado mediante fórmula mixta o artificial y requiere AC. Cabe destacar también el abuso de productos preparados tipo snack, chocolate, dulces y preparados lácteos artificiales, independientemente de la nacionalidad. Se observa una correlación con el cuidado por otro miembro de la familia (abuela) con una baja adherencia a las recomendaciones alimenticias, lo cual puede ser debido a la dificultad para conciliar el cuidado del niño por los progenitores con su actividad laboral. Pese a no ser observado en nuestro estudio, el mayor nivel socioeconómico y de estudios suele actuar como factor protector para una correcta alimentación del niño. La aplicación de intervenciones en los padres para mejorar la introducción de la AC, así como la lactancia materna, es efectiva, por lo que esta ha de ser incentivada y prolongada en el tiempo. Dichas medidas pueden ser favorecidas con la llegada de nuevas tecnologías, lo que supone una facilidad para la aplicación de estas sin disminución de su eficacia. Se necesitan futuros estudios para conocer mejor las variables que afectan a la introducción de la AC para así poder desarrollar programas de actuación más enfocados a cada tipo de población.

CONFLICTO DE INTERESES

Los autores declaran no presentar conflictos de intereses en relación con la preparación y publicación de este artículo.

ABREVIATURAS

AC: alimentación complementaria · DE: desviación estándar · OMS: Organización Mundial de la Salud.

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