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Cine y Pediatría 8

   
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A la Pediatría desde el Arte

Primogénita, Selina (Gainsborough, 1764).

Carrera en provincias (Degas, 1869)

Autores:

Carabaño Aguado Ia

aServicio de Pediatría. Hospital Universitario 12 de Octubre. Madrid. España.

Correspondencia: I Carabaño. Correo electrónico: carabano1975@hotmail.com

Referencia para citar este artículo:

Carabaño Aguado I. Primogénita, Selina (Gainsborough, 1764). Carrera en provincias (Degas, 1869). Rev Pediatr Aten Primaria. 2010;12:297-298.

Publicado en Internet: 30/06/2010

Conflicto de Intereses:

El autor declara no presentar conflictos de intereses en relación con la preparación y publicación de este artículo.


Primogénita, Selina (Gainsborough, 1764)

Figura 1

Frente a la teatralidad exhibida por el señor y la señora Byam, la primogénita –Selina, tal y como reza el título del lienzo– añade mucho de espontáneo a este retrato familiar. Igual que George se esmera en parecer un elegante hidalgo, con su cuello levantado y el sombrero apuntando a los cuatro vientos, la niña mira con curiosidad y coquetería al pintor. Trata de seducirle con una media sonrisa pícara, en espera –a buen seguro– de que Gainsborough le haga una cucamona. Va de la mano de su madre, que muestra un llamativo aire de frialdad, reforzada por la palidez de su rostro y el azul impoluto de su vestido.

Un aspecto que llama la atención de este cuadro es la discordancia entre la rigidez controlada de las figuras y el entorno, que se muestra natural, libérrimo, descontrolado, y parece llenarlo todo de su verdura. Años más tarde, el genio de Sudbury puliría estos matices en cuadros soberbios, como el retrato de Thomas Coke o el de la condesa Mary Howe.

Carrera en provincias (Degas, 1869)

Figura 2

Degas es considerado como uno de los ideólogos del encuadre y del arte fotográfico. Frente al estatismo de las poses de otras épocas, Degas sorprendía a sus protagonistas en posturas dictadas por la casualidad. Las bailarinas, las bañistas y las carreras de caballos son sus personajes y contextos favoritos.

En este cuadro, recurre al último de estos contextos. Curiosamente, se plasma el entorno de la carrera, pero no la competición en sí. El pintor elige una carreta en la que va una familia en calidad de espectadores.

Como buen maestro del detalle, el bebé (un elemento minúsculo del cuadro) es el punto frente al cual convergen las miradas de cuantos montan en el vehículo. De este modo, esa nimiedad representada, esa pequeña frase de color, se convierte en el personaje clave y central del lienzo. Todos, perro inclusive, parecen imantados por la blancura del recién nacido, y el que mira el cuadro acaba atrapado también en la tela de araña de ese cuerpecito envuelto en una toquilla.


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